Cantante mata al asesino de su esposa en pleno asalto

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Por resistirse a un asalto y salvar a su esposo, Charlotte Cobos, de 29 años, fue asesinada el pasado sábado en Fusagasugá (Cundinamarca, Colombia) y dejó huérfanos a su hija de 12 años y a su bebé de año y medio.

Su esposo, Richard Muñoz Cardona, recordado por haber interpretado a Pipe Bueno en el programa musical “Yo Me Llamo”, ante el horror de ver a su pareja desangrándose en la calle, se abalanzó sobre el atacante y, con el mismo cuchillo con el que habían degollado a su esposa, lo apuñaló hasta matarlo.

Esta fue la trágica escena que se vivió en la madrugada del sábado en el barrio Balmoral cuando dos atracadores abordaron a la pareja y a otros tres amigos que regresaban a casa después de un show.

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Según el relato de testigos, uno de los delincuentes intimidó al cantante para que entregara sus pertenencias. Fue entonces cuando Charlotte intervino y enfrentó al atracador. Discutieron, forcejearon y, de repente, el hombre lanzó una puñalada mortal al cuello de la mujer. Luego dio otras más y la dejó desangrarse ante la mirada atónita de su esposo y sus amigos, que también salieron golpeados.

Richard se arrojó sobre el agresor y, en medio del dolor, también lo apuñaló. El otro delincuente escapó y a Charlotte se la llevaron al hospital San Rafael, donde falleció. Minutos después, su victimario también perdió la vida.

A Richard se lo llevó la policía. En su celda gritaba, conmocionado. Por un celular y una billetera le habían quitado al amor de su vida.

“Se conocieron cuando eran niños. Ella quedó embarazada a los 15 y, desde entonces, estuvieron siempre juntos”, le relató a “El Tiempo” una familiar cercana a la víctima quien, teme por la seguridad de los niños y de toda la familia. “Ya hay amenazas contra Richard por haber matado al agresor. El resto de nosotros tiene mucho miedo”, comenta.

Aunque el cantante fue liberado por el Juez Primero Penal Municipal de Fusagasugá, por haber actuado bajo intenso dolor e ira y en defensa propia, él y su familia no revelan su paradero por seguridad.

Muertos, frente a frente

El domingo, las dos familias de los fallecidos se encontraron en la morgue. De un lado, estaban los allegados del victimario, que miraban con recelo a los padres, tíos y amigos de Charlotte que, del otro lado, esperaban para hacer los trámites.

“Nos sentimos intimidados en ese momento y a las afueras del juzgado. Allí, notamos que había personas observándonos a la salida. La policía nos ha acompañado, porque nos ha dicho que el asesino formaba parte de una banda grande y peligrosa”, comentó la familiar de la mujer y dice que prefiere mantener su nombre en reserva.

“El Tiempo” consultó el caso con las autoridades municipales, que aseguraron que el otro individuo que huyó está siendo identificado para proceder con su captura.

“Verificaremos la información para establecer si se trata de una banda relacionada con otros actos delictivos. Estamos atentos, porque esto generó alerta en la comunidad”, manifestó el Secretario de Gobierno, Juan Sebastián García, quien reconoció un incremento de homicidios este año en relación con el mismo periodo del 2018.

“En estos siete meses, entre ocho y nueve personas han sido asesinadas. En 2018, fueron solo seis. La cifra de hurtos bajó, a la fecha, registramos 150, frente a los 155 del año pasado”, detalló García.

Por ahora, las familias de Richard y Charlotte esperan justicia.

Una historia de amor

“Richard fue el amor de la vida de mi niña. Ella lo veía con tanta ilusión. Nosotros nos preguntábamos cómo era posible tal amor”, narra una de las familiares de Charlotte y agrega un detalle que le quiebra la voz: “También adoraba a sus hijos. Soñaba con los 15 años de su hija. ‘Cuando llegue el momento, la maquillo y la peino yo. Porque es mi princesa’, me dijo alguna vez”. Ella, la niña, es una de las más afectadas. El pequeño, de año y medio, aún no entiende que mamá no volverá.

“A ellos dedicó su vida. Horas antes de morir, le pidió permiso a su hija para salir a acompañar a Richard a una presentación en Fusa. A la niña le hizo gracia, pero así era Charlotte: una mamá de tiempo completo”, afirma su familiar.

Este año, Charlotte había decidido mudarse desde Bogotá para apoyar a su esposo, que conseguía más y mejores contratos en Fusagasugá para animar eventos con su orquesta. A su familia le decía que estaba tranquila.

Jamás imaginó que su vida tenía las horas contadas y que, de cierta forma, el fútbol le costaría la vida. “Amaba ver todo tipo de partidos. La noche del viernes, después del triunfo de la Selección Femenina en los Juegos Panamericanos de Lima, la felicidad no le cupo en el cuerpo y quiso celebrar. Le pidió permiso a su hija y salió, feliz, con su esposo”, dice su familiar y ahoga un lamento. El resto es historia.

Charlotte cantó y bailó al ritmo de la voz del amor de su vida. Por quien murió en la madrugada del 10 de agosto: “Odiaba las injusticias. Seguramente eso fue lo que la movió para enfrentar a su asesino. Mi niña murió por tratar de salvar a su marido de un robo”.