Nadal deja sin argumentos a Federer

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Rafael Nadal festejó a lo grande una victoria preciosa por muchísimos motivos. Para empezar, porque le lleva directo a la final de Roland Garros, la duodécima, a un pasito de prolongar su vínculo con el paraíso. Y para continuar, porque frena la sangría ante Roger Federer, quien se había impuesto en los últimos cinco enfrentamientos entre ambos, renovado en esta eterna carrera de la que tanto puede presumir.

Pero París es otra cosa, París es la casa de Nadal, un campeón insaciable que tiene una pinta estupenda. Es único, por si alguien tenía dudas, demoledor en dos horas y 25 minutos (6-3, 6-4 y 6-2) y de menos a más, ofreciendo un nivel altísimo durante un buen tramo de partido.

Al alzar los brazos, por la cabeza de Nadal pasaron todos los momentos de este curso tan atípico. Le ha costado lo suyo llegar hasta aquí, e incluso pensó que era imposible después de los patinazos de Montecarlo y Barcelona, pero en Madrid fue cogiendo carrerilla y confirmó en Roma que la bestia seguía viva y que Roland Garros era la presa. La tiene a tiro.